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“EL SEÑOR ME HA DICHO”

Escrito por: ANGEL BEA  |  LUNES 5 DE DICIEMBRE, 2016  |  CÓRDOBA, ESPAÑA.

La Gran Comisión no es algo opcional que la Iglesia del Señor debe o no deba cumplir. La Gran Comisión es un mandamiento del Señor para su Iglesia que debe ser cumplido en todo tiempo y de forma integral. Así aparece tanto de forma imperativa como implícita en los cuatro evangelios y en el libro de Hechos de los Apóstoles. (Mt.28.18-20; Mrc. 16.14.18; Lc.24.46-49; J.20.22-23; Hch.1.8); y los mandamientos del Señor son para cumplirlos, sí o sí.
Decimos esto porque cabe la posibilidad de que alguien piense que para cumplir la Gran Comisión sea necesario “buscar la guía del Señor” y “recibir una palabra de parte del Señor”. Nada de eso. Eso sería un error, tal como el de buscar la guía del Señor para amar al prójimo o para congregarse con los hermanos y hermanas cuando corresponda, como también para ayudar al que lo necesita cuando se nos presenta la oportunidad. Es verdad que en el cumplimiento de los mandamientos del Señor, no debe faltar la sabiduría que necesitamos para aplicarla en cada caso; pero eso es otra cosa.
Al respecto de esto que digo, hace muchos años leía una biografía del conocido predicador Juan Wesley. Recuerdo, que al principio de su ministerio él creía que el Señor le iba a dar “una palabra especial” de guía acerca de a quién, cuándo y cómo tendría que hablar el evangelio. Sin embargo, pasaron dos o tres días y no recibió lo que él esperaba. Así que trató de entender el porqué no había recibido nada de parte del Señor, cuando él creía y confiaba en que iba a ser así. Pronto entendió que los mandamientos del Señor se obedecen, sin esperar a que él “nos guíe” en nuestra obediencia. Y, sin demora, Wesley puso manos a la obra. Lo demás ya es historia ¡Y una gran historia!, por cierto.
Otra cosa es que en el cumplimiento de la Gran Comisión, a veces surjan peligros que atemoricen a los mensajeros. De esto saben mucho, hoy día, en muchas partes del mundo donde los creyentes son separados de sus familias, puestos en prisión, torturados e incluso algunos, muertos. Entonces nada extraño es que éstos reciban una palabra de ánimo para fortalecerles en su misión, y no necesariamente en la forma en la cual la recibió el apóstol Pablo (Hech.18.9-10; 23.11) sino en la que el Señor estime oportuno. Tampoco sería extraño recibir alguna corrección de parte del Señor o incluso una guía específica, cuando de grandes estrategias misioneras se tratara (Hch.16.6-10). Igualmente, un joven misionero o pastor que recién es encomendado a la obra, pudiera recibir, junto con un completo “paquete” de evidencias de todos conocidas (Hech.16.1-2) una palabra “profética” que confirmaría de parte del Señor tal ministerio y que, de alguna manera podría servirle en el futuro (entre otras) de punto de referencia cuando pasara por dificultades. De otra forma el apóstol Pablo no se lo hubiera recordado a su amado “hijo” Timoteo (1ªT.4.14).
¿Y por qué no, recibir una palabra directiva de parte del Señor cuando una iglesia está adormecida, más pendiente de sí misma que de las necesidades ajenas? Eso podría servir de estímulo para sacudirse su propio egoísmo y extender su mirada hacia “los campos que están listos para la siega” (J.4.35). Algo así como lo que mencionábamos en relación con el encuentro de mujeres y que publicamos más abajo: “Salid afuera y traed las mueres a mí, que yo las ministraré”,
Los ejemplos podrían ser numerosos, así como las circunstancias que los propiciaron. Y ya hemos hablado en otras ocasiones de que, aunque creemos que pueden darse casos en los cuales el Señor le complazca intervenir de manera particular, ni hemos de pretender buscar ni depender de esas “guías especiales”. De otra manera correremos el riesgo (bastante serio) de cometer algunas y serias barbaridades.
Dicho lo cual, parece que no es posible que algunos hermanos y hermanas entiendan esto que decimos. Pareciera que el vivir de acuerdo a la fe a la cual estamos llamados y dentro de ella a lo que llamamos un cierto “sentido común santificado”, no va con ellos. Es como si necesitaran estar siempre conectados al “teléfono” de Dios y recibir de manera precisa sus órdenes sin las cuales naufragarían. Siento tener que decir que esa forma de ver y de vivir la vida cristiana, ¡no es correcta!. Cuando conocemos al Señor él nos da su Espíritu Santo, el cual opera por medio de Su Palabra de la cual, si estamos bien “empapados”, nos permite vivir por medio de la fe siendo guiados por el conocimiento recibido, al cual obedecemos y confiando que el Señor nos guiará cada día en nuestros quehaceres, sin muchas complicaciones. Sólo cuando se nos presenten diferentes alternativas, entre las cuales hemos de elegir, siempre podemos orar, desechar aquellas con las cuales no nos sentimos identificados y confiar en que, aún cuando no sea una guía especial al modo de “un mensaje telefónico” ni “espectacular” “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer por su buena voluntad” (Filp.2.13) Y eso, aunque nos parezca raro, no suele ser algo “extraordinario”. En mi opinión, creo que sabemos poco de nuestra “unión mística con Cristo”, ni en la teoría ni en la práctica y eso hace que veamos nuestra vida cristiana como separada del Señor Jesucristo y solo cuando le necesitamos por varias razones (entre ellas su guía) es que nos unimos a Él en oración para recibir… lo que sea.
Al escribir esto no era mi pretensión el dar la guía ni la solución para el asunto planteado, sino el de señalar algo de lo cual todos necesitamos aprender; pero sobre todo, ese lenguaje que por ser insistente y machacón a muchos ya nos cansa un poco, sobre “el Señor me ha dicho”. Sobre esto mismo hay muchos otros hermanos y hermanas que nos han dicho que ante este tipo de creyentes, se sienten incómodos como si ellos se sintieran creyentes de segunda categoría, por no recibir esas “palabras del Señor”, cuando están haciendo las cosas lo mejor que saben y que pueden y nunca les falta “la obra de la fe, el trabajo de… amor, y la… constancia en la esperanza…” (1Te.1.3). A ellos les digo desde aquí que no se inquieten; están en la senda correcta. Que nadie os intimide, ni os dejéis llevar por algún sentimiento de inferioridad, incluso aunque no sea esa la pretensión de aquellos producir esos efectos.
Pero, también es cierto que hay muchos que pasan “por un tubo” de recibir nada, cuando a lo mejor estarían bien necesitados de un buen “zarandeo” un tanto “espectacular” de parte de Dios, que los despertara a una realidad espiritual que ellos no viven. Y es que, “de todo hay en la viña”. Ojalá que llevados por el mismo Espíritu Santo que recibimos cuando conocimos al Señor, podamos ser llevados por la mejor de la sendas en la vida cristiana y, desde luego, la característica principal no es la de estar pretendiendo continuamente una guía “especial” de parte de Dios. No. Eso no es así.
Lo siento si alguien se ofende. No era mi intención. Lo que pasa es que como Facebook me decía: “¿Qué estás pensando?”, pues yo no he podido dejar de expresar lo que pensaba.
Ángel Bea