Escrito por: Pastor Sergio Martín Guerrero (IEBCádiz) | Serie: PASIÓN POR DIOS, Enero 22, 2017 | Cádiz, España

Pasión por Dios no es impulsividad descontrolada.

Algunas personas confunden Pasión por Dios por actuar impulsivamente; de alguna manera es una incapacidad para gestionar sus buenos deseos, algo que puede ser un denominador común en otras facetas de su vida. No estamos juzgando a estas personas, pero sí poniendo en sobre aviso, que sentir Pasión por Dios no tiene nada que ver con actuar sin pensar.

Lucas 9:51-56

Como se acercaba el tiempo de que fuera llevado al cielo, Jesús se hizo el firme propósito de ir a Jerusalén.  Envió por delante mensajeros, que entraron en un pueblo samaritano para prepararle alojamiento;  pero allí la gente no quiso recibirlo porque se dirigía a Jerusalén.  Cuando los discípulos Jacobo y Juan vieron esto, le preguntaron: —Señor, ¿quieres que hagamos caer fuego del cielo para que los destruya? Pero Jesús se volvió a ellos y los reprendió.  Luego siguieron la jornada a otra aldea.

Un ejemplo de pasión mal encauzada; pasión mal encauzada y un conocimiento bíblico mal aplicado.

En textos como este vemos cómo Jesús tuvo que trabajar en el carácter de “los hijos del trueno”, moldeando la impulsividad y la falta de dominio propio de estos discípulos. No serían los únicos.

El hecho es que Jesús les corrige y les da a conocer el verdadero espíritu de su ministerio: No ha venido a para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas.

Cuando nos dejamos dominar por nuestros impulsos, “aparcamos” el pensamiento, dejamos “en el banquillo” el sentido común, y podemos alejarnos grandemente del sentir de Dios.

¿Habían ellos acaso visto a Jesús actuar de esa forma? ¿Acaso tiene algo que ver lo que estaba pasando con estos samaritanos con lo que Elías combatió contra los profetas de los Baales? (1º Reyes 18).

El que es impulsivo actúa sin pensar; el que es reflexivo mantiene la calma (Pr. 14:17)

El que es impulsivo provoca peleas; el que es paciente las apacigua (Pr. 15:18)

Hay buenos creyentes, hombres y mujeres de Dios, que identifican el hecho de tener Pasión por Dios con actuar, actuar, actuar… Hacer esto, ir allí…

Eso no es malo; el problema es cuando nos dejamos llevar por esa impulsividad sin pensar bien las cosas.