FUENTE DE VIDA
6 de Julio, 2020

HAY QUE DEMOSTRAR AMOR

(Por Charles Stanley)

Su estatura espiritual depende de cómo responde usted a una sencilla pregunta:
¿Qué está haciendo para crecer a la imagen de Cristo?

Con los años, he notado un tema recurrente en conversaciones con otros creyentes. Inmediatamente después de manifestar que son salvos en Cristo, concluyen con estas palabras: “… pero sé que no he crecido como debería”.

¡Qué trágico sería para los padres que sus hijos avanzaran en edad, pero nunca aumentaran de estatura, ni se volvieran más fuertes y más capaces! Sabrían que algo estuvo radicalmente mal. Sin embargo, eso es lo que muchos cristianos experimentan en su vida espiritual. Aun más sorprendente es que algunos no están conscientes de su condición, o no les preocupa. Imagine que el próximo domingo en su iglesia la madurez espiritual de cada persona se mostrara por su estatura física. ¿Cuántos serían visibles en los bancos? ¿Habría algunos gigantes de pie entre la congregación?

Muchos cristianos piensan que recibir el regalo de la salvación del Señor es el objetivo final —dicen una oración, compran una Biblia, y después van por la vida sin tener un objetivo claro, como si nada significativo hubiera ocurrido. Pero “nacer de nuevo”, como describió el Señor al inicio del camino cristiano (Jn 3), implica que con la nueva vida viene el crecimiento. Es un principio básico: los seres vivos crecen, ya sea en la esfera física o en la espiritual.

La decisión más sabia que usted puede tomar es disponer su corazón, su mente y su voluntad para hacer todo lo que sea necesario para crecer en Cristo. De manera que, cada vez que el Señor le dé una responsabilidad, estará preparado y facultado para cumplir con el llamamiento que haya recibido. Pero, si por el contrario, permanece siendo un bebé espiritual, no importa lo mental o físicamente preparado que esté, no tendrá lo necesario para cumplir con sabiduría y discernimiento. En la vida cristiana, el crecimiento espiritual debe ser la norma, no la excepción.

Sin embargo, debido a la pasividad, demasiados creyentes son bebés espirituales. El Señor no nos obliga a madurar, y el proceso no es automático. Se requiere la intencionalidad. Implica morir a nuestros propios deseos, prioridades, preferencias y conceptos. Usted tendrá que mirar la vida desde la perspectiva de Dios, encomendarse a su cuidado, y obedecer sus mandatos e indicaciones. El escritor de Hebreos explica que los creyentes maduros tienen los sentidos ejercitados por la práctica (He 5.12-14). Si usted aplica con diligencia estos elementos esenciales para el crecimiento, con el tiempo experimentará los goces de la madurez.

El fruto de la madurez espiritual
• Un carácter controlado por el Espíritu Santo (Gá 5.22-25)
• Firmeza en la sana doctrina (1 Ti 4.6)
• Pasión por Cristo y el llamamiento de Él (Fil 3.7-14)
• Amor cada vez mayor unos para con otros (1 Ts 3.12, 13)
• Capacidad para exhortar a los demás con amabilidad (2 Ti 2.24-26)
• Discernimiento (He 5.14)
• Sabiduría de lo alto (Stg 3.13-18)
• Santidad cada vez mayor en la manera de vivir (1 P 1.13-16)

 

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En el amor de Cristo…

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