FUENTE DE VIDA
05 de Mayo, 2021

LAS BATALLAS SOLITARIAS QUE TIENES
David Wilkinson

Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:4-5).

En este momento, los poderes de las tinieblas de Satanás en todo el mundo se están regocijando. Estas fuerzas demoníacas se han infiltrado en las altas esferas del poder humano: los medios de comunicación, las oficinas políticas, los tribunales superiores. Está sucediendo incluso en denominaciones religiosas.

Todos estos principados demoníacos tienen una agenda. Trabajan para erosionar los valores morales y derribar el poder salvador del evangelio. Parece que cada institución, cada agencia está ahora infiltrada y dominada por estos poderes espirituales impíos. Sin embargo, nosotros sabemos cómo termina esta guerra: en la cruz, con la victoria de Jesucristo.

Definitivamente habrá tiempos de guerra, guerras que no involucrarán al vasto Cuerpo de Cristo en todo el mundo, sino que serán privadas, batallas y luchas que sólo tú conoces. Estas son guerras de la carne y traen una carga que no puedes compartir con nadie. Son guerras solitarias, sólo entre Jesús y tú.

Con demasiada frecuencia, como cristiano, puedes convencerte a ti mismo de que lo correcto es apretar los dientes durante tus batallas. Pero Dios no quiere que pongas una fachada falsa. Él sabe por lo que estás pasando y quiere compartirlo contigo.

Cuando el rey David cometió adulterio y luego cayó en una guerra privada de condenación y arrepentimiento, él no trató de arreglar las cosas por su cuenta. Entonces, ¿qué hizo? Primero, clamó al Señor: “¡Oh, Señor, ayúdame pronto! Estoy a punto de caer, así que date prisa y líbrame. Tu palabra promete que me librarás, así que hazlo ahora” (ver Salmos 70).

Luego, David tomó una decisión: “Viva o muera, engrandeceré al Señor en esta batalla”. “Engrandecido sea Dios” (Salmos 70:4). Y se entregó plenamente a la misericordia del Señor: “Cuando yo decía: Mi pie resbala, tu misericordia, oh Jehová, me sustentaba… Tus consuelos alegraban mi alma” (Salmos 94:18-19).

Amado, puedes hacer de este tu testimonio. Mira todas tus angustias, adversidades, ansiedades y tentaciones, y di con fe: “Por la gracia de Dios no caeré”. Y él te dirá: “Bástate mi gracia” (2 Corintios 12:9).

 

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En el amor de Cristo…